BEAZ Bizkaia

Logo de la Diputación Foral de Bizkaia

Bizkaiko Foru Aldundia - Diputación Foral de Bizkaia

Berrikuntza Agentzia BEAZ Agencia de Innovacion
 

Imar

imar1

IMAR es la empresa más antigua de España dedicada a la fabricación de chapa perforada y metal expandido. Ha superado dos importantes crisis, pero ha sabido reinventarse, entre otras razones, porque siempre está buscando nuevas ideas. En pleno crecimiento desde el 2000, actualmente está centrada en proyectos de arquitectura singular, como el edificio Caixa Forum que acaba de inaugurarse en Madrid. Iñigo Gaminde, presidente y miembro de la tercera generación de IMAR, nos habla de la empresa. 

 

¿Cuál es el origen de la empresa?

La empresa fue fundada en 1931 por mi abuelo, Erasmo Imbert, un ingeniero agrónomo catalán que conoció a mi abuela y se vino a Bilbao. El era un hombre inquieto que viajaba mucho y vio una oportunidad para el metal perforado. Con el apoyo de su padre, montó un pequeño taller de 1.000 m2 y así fundó Imar, la empresa más antigua de España en el sector de perforado.


77 años después, ¿cuáles cree que son las razones que explican su permanencia?

Por un lado, está la cultura de la empresa de hacer las cosas bien y con calidad, incluso en tiempos de crisis. Por otro lado, el papel que juegan las personas y la fuerte vinculación que ha habido y hay entre todos los miembros de Imar. Otra clave es que, a pesar de ser una empresa familiar, siempre hemos delegado la gestión en profesionales ajenos a la familia a los que se ha dejado libertad de acción. La familia puede marcar las líneas estratégicas principales, pero la capacidad de acción y decisión corresponde a los gerentes que están día a día en la empresa.


Usted representa a la 3ª generación. ¿Cómo ha sido el tránsito generacional?

A finales de los años 90, saliendo de la crisis, se produjo una cierta ruptura generacional pues no había continuidad directa entre la 2ª y 3ª línea. Entonces llegamos a Imar algunos miembros jóvenes de otras ramas familiares. Ha habido las dificultades lógicas, pero nos han servido para aprender que, de aquí en adelante, los tránsitos han de plantearse de una forma estudiada y que no afecte al sistema de la empresa. Hemos hecho cambios en el consejo de administración al que se han incorporado miembros de las distintas ramas. Es importante que todos asumamos la importancia que tiene la preservación de la empresa y entendamos que no podemos ponerla en peligro por desavenencias o porque, en un momento dado, alguien se plantee marchar. No queremos que nadie se sienta prisionero de sus acciones, algo frecuente en la empresa familiar, pero sí que cuando se produzcan salidas se hagan de forma ordenada y afectando lo menos posible a los que decidan continuar, procurando que no se descapitalice la empresa.


En sus comienzos Imar surtía de chapa a la minería, posteriormente se fueron centrando en otras áreas industriales, hasta llegar hoy a la arquitectura. ¿Es cuestión de actitud o es la dinámica del sector lo que les lleva a buscar nuevos caminos?

Es algo que hay que enmarcar dentro de la propia marcha de la industria, pero sí creo que es un rasgo propio de Imar. Mi abuelo y mis tíos eran personas muy creativas, que viajaban mucho con las antenas puestas y la intención de ir mejorando las cosas. Siempre nos hemos movido en sectores tradicionales, en los que hemos sido punteros, pero en los últimos años nos hemos volcado en proyectos singulares de arquitectura y en aplicaciones industriales que demandan cierta calidad. En el 2000 hicimos una reflexión: puesto que la producción a gran escala de material perforado y expandido estándar se iría trasladando a países con costes más baratos, y la tecnología y las máquinas pueden adquirirse, había que buscar nuevas oportunidades.


Y decidieron convertirse en una empresa de soluciones. ¿En qué consiste eso?

Es un intento de aportar algo más, significa que trabajamos a la medida de las necesidades de nuestros clientes e intentamos dar soluciones globales. Hace años no sabíamos qué uso se daba a nuestra chapa y decidimos hacer un esfuerzo por ver a qué mercados iban nuestros productos y de qué manera podíamos aumentar nuestro valor añadido dando soluciones más completas. Nosotros tenemos claro que colaborar con el cliente y tener una relación estrecha con él es clave, porque la búsqueda de mejoras es algo que ayuda a ambos.


A menudo hace referencia a la crisis de los años 90. ¿Qué aprendieron de ella?

Hemos superado dos crisis gravísimas que dejaron la empresa en una situación crítica, a principios de los años 80 y 90. Las crisis nos hicieron mucho daño, pero nos han ayudado a prepararnos para afrontar mejor otras que puedan venir. Por una parte, la organización ya no gira en torno a personas concretas sino a equipos y a toda la plantilla unida, y eso nos da fuerza. Por otro, pensamos que la calidad de nuestros productos y el valor añadido que intentamos aportar, son aspectos que pueden atenuar los efectos de una crisis. Además de la dispersión y atomización de productos, mercados y clientes que tenemos actualmente.


¿Y de los momentos buenos que viven desde el año 2000?

Estos años han sido de crecimiento para casi todas las industrias y, en Imar, éste ha sido muy fuerte y sano. De este nuevo resurgir, hemos aprendido que el trabajo bien hecho rinde sus frutos y que el buen hacer tiene que ser extendido a todas las personas y niveles de la organización. Hemos aprendido que hay que trabajar en base a equipos llenos de ilusión. La ilusión es la mayor barrera ante la crisis y el mejor empuje para hacer crecer la empresa. Desde el 2003 tenemos la suerte de contar con un equipo directivo que transmite ilusión diaria y constante, que cree en un proyecto a largo plazo, y que incentiva la creatividad y la imaginación.

 

¿Qué papel juega la creatividad en la empresa?

Ya no podemos avanzar sin creatividad, sin cuestionarnos constantemente el producto, los procesos y los sistemas, sin ir viendo ideas nuevas y aumentando nuestros conocimientos. No podemos seguir haciendo siempre lo mismo. La creatividad es uno de nuestros activos y procuramos potenciarla a todos los niveles. Este año, cuatro personas de la empresa estamos haciendo un master en la escuela de arquitectura de Donosti, sin ser arquitectos. También participamos en el proyecto Disonancias que nos permite romper la dinámica habitual de trabajo, aprender algo distinto y, además, pasarlo bien. Tenemos otras herramientas, como los blogs que utilizamos para extender el conocimiento a toda la organización, todo lo que vemos que puede tener interés lo colgamos, además hay links a otras webs, galerías de fotos, etc.


Trabajar en proyectos de arquitectura singular ya es por sí mismo estimulante. ¿Cómo llegan a ellos?

A finales de los 90 nos encargaron la colocación de unos elementos metálicos de fabricación habitual de Imar (que se utilizan para las rampas de los camiones de transporte de vehículos) en la fachada de un edificio de Zamudio. Estábamos en un momento de reflexión y ese proyecto nos hizo cambiar el chip y ver que todo era cuestión de imaginación, que un producto puramente industrial podía ser utilizado con fines totalmente distintos. El uso de la chapa perforada en arquitectura empezaba a despuntar e iniciamos contactos con empresas de ingeniería, arquitectos y prescriptores de obras singulares. Tuvimos una buena acogida, lo que nos llenó de energía. Desde entonces hemos participado en varios proyectos singulares, el último el Caixa Forum de Herzog & de Meuron que acaba de inaugurarse en Madrid, un edificio que rompe muchos moldes y que ha sido un reto para nosotros, pues suponía abordar temas nuevos y muy complejos.


Además de esos retos que vienen de fuera, Imar participa en un proyecto de I+D junto a otros expertos. Háblenos de la plataforma SICMAC.

Es un proyecto en el que estamos participando Imar, Maser, Eurocolor, Gatik, Gaiker, y Tekniker. Nuestro objetivo es crear envolventes que interactúen con el entorno y mejoren la eficiencia energética de los edificios. En Imar no había experiencia en proyectos fuertes de I+D, estamos aprendiendo. En el País Vasco tenemos la suerte de tener una magnífica red de centros tecnológicos a los que es fácil acceder. ¡Es un tesoro que todas las empresas deberíamos utilizar mucho más! Hoy en día la investigación no se puede hacer de forma aislada, gracias a ellos hemos entrado en contacto con expertos en otras áreas del conocimiento y de la técnica.

 

 

Compártelo

Share this: Aupatu Share this: zabaldu Share this: facebook Share this: Del.icoi.us Share this: twitter